Las palabras se grabaron en el cristal holográfico, proyectando una luz carmesí, fría e inquietante sobre mi rostro.
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BIENVENIDA DE VUELTA, HEREDERA.
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El silencio que siguió fue tan sofocante que parecía lo suficientemente pesado como para asfixiarnos a todos. El único sonido en el corazón del Nivel Cuatro era el zumbido grave y rítmico del servidor central dañado.
—Qué... —Mi voz fue apenas un chillido, y la palabra murió en mi garganta antes de poder formarse del todo. Miré fijamente la