Corrió sin pensar.
Corrió hasta que sus piernas comenzaron a temblar y el aire le quemaba los pulmones. No sabía hacia dónde iba, solo dejaba que el impulso lo arrastrara, intentando escapar del dolor que le atravesaba el pecho. Cuando por fin se detuvo, estaba frente al mar.
La playa se extendía oscura bajo el cielo nocturno. Ares se dejó caer de rodillas, y luego se desplomó por completo sobre la arena húmeda. Aspiró con fuerza, pero el aire no bastó para sostenerlo. Entonces gritó.
Un grito