Ellos estaban completamente ajenos a todo lo que ocurría a su alrededor.
La pista de baile se había reducido a un espacio mínimo donde solo existían dos cuerpos moviéndose al mismo ritmo. La música seguía sonando fuerte, marcando cada movimiento, pero para Nikolas y Valentina el resto del mundo había desaparecido. No escuchaban risas, ni conversaciones, ni el choque de vasos. Nada importaba fuera de la presión constante de sus cuerpos y de la forma en que el aire parecía arder entre ellos.
Pero