Nikolas llevaba varios días sintiendo que caminaba sobre arena movediza. Desde el momento en que Ares volvió de su luna de miel, el equilibrio que había logrado sostener a duras penas comenzó a romperse. No era solo el ambiente del hospital, ni las miradas cargadas de juicio, ni el silencio incómodo de sus colegas. Era la presión directa de la persona cuya opinión más le importaba.
Ares no tardó en buscarlo.
Lo hizo de la forma más simple y directa, como siempre había sido entre ellos. Le pidió