Valentina pensó que ya había tocado fondo. Después de la discusión con Nikolas, después de escucharlo decir cosas que jamás imaginó oír de su boca, creyó que no podía sentirse peor. Estaba cansada, dolida, con el orgullo hecho pedazos y el corazón lleno de rabia. Pensó que nadie podía exigirle más, que nadie tenía derecho a pedirle calma cuando todo dentro de ella era un incendio.
Pero se equivocó.
Porque entonces Agnes y Ares decidieron hablar.
No lo hicieron de inmediato. Hubo un silencio pre