El día en que Nikolas perdió la paciencia llegó sin aviso, pero no sin señales. No fue un arrebato repentino, fue una suma lenta de silencios, rechazos y miradas cargadas de desprecio. Durante dos días había soportado cada palabra dura, cada gesto frío, cada intento de Valentina por hacerlo sentir invisible. Lo aceptó porque sabía que había fallado, ya que entendía que ella estaba rota. Pero verla negarse a comer, verla apartar el plato solo porque él estaba presente, fue más de lo que pudo man