Agnes comenzó a sentir el peso de la realidad después de haberse mudado sola. No era lo mismo cuidar a un recién nacido en una casa donde había tres personas más en quienes podía confiar ciegamente, que hacerlo completamente sola en una casa grande, silenciosa y llena de personal de servicio que, aunque cumplía con su trabajo, no reemplazaba el apoyo emocional.
Ares había estado yendo por las noches para ver a su hijo y ayudarlo a dormir, pero no era suficiente. El bebé se despertaba varias vec