Firmando el último documento que Humberto le había dado en aquel sobre amarillo, Gertrudis sonrió en el momento en que le entregaba los documentos. Solo esa firma iba a ser válida la decisión que había tomado.
Gertrudis estaba cansada de ser solo la viuda de un hombre que la había dejado con una fortuna pero una fortuna que ella no había querido usar hasta ese momento.
— ¿Estás segura de lo que va a hacer, mi señor? —Preguntó Humberto.
—Por supuesto que estoy segura. Mi hija sigue siendo una i