CAPÍTULO VEINTIDÓS
—Al derecha, no, a la izquierda, a la izquierda, vamos, más sensualidad, más sensualidad…—El hombre bajó la cámara de manera desesperada. Ese trabajo le estaba siendo muy difícil de hacer. — ¿Qué te pasa, Emma? No puedo creer que llevemos más de dos horas y no podemos conseguir las fotos perfectas. Hay algo que no me gusta, simplemente ya no eres la de antes.
Emma se levantó del lugar donde estaban tomando las fotos al mismo tiempo que cubría su cuerpo con la primer toal