El cambio fue inmediato.
Vincent se apartó como si nada hubiera pasado. Un paso atrás. Dos. Todo se volvió frío.
—Arréglate —dijo—. Te traerán otro vestido en cinco minutos.
No me miraba. Tomó su saco, se lo colocó y giró hacia la puerta. El hombre que hacía segundos me tenía atrapada sin tocarme… había desaparecido.
—Vincent —lo llamé, sin pensar.
Se detuvo. No se giró.
—Esto no vuelve a pasar —sentenció—. Fue un error de cálculo.
Error.
Hablaba del incidente, o de qué carajos.
Tenía razón.