LA VERDAD DE TODO (II)
Pero si Cassian pensaba que todo había terminado, se equivocó, porque sus problemas apenas estaban comenzando. La puerta del estudio se abrió con fuerza y uno de sus guerreros entró con el brazo cercenado.
―¡¿Qué demonios…?!
El alfa se puso de pie de inmediato, el lobo herido miró a su alfa con pánico.
―Están… aquí… señor…
―¿Quiénes?
―Ellos… están destruyendo todo a su paso.
Lorcan agarró al hombre y lo llevó a una de las sillas que habían quedado en pie, y se perca