ADIÓS, DEFINITIVO.
ADIÓS, DEFINITIVO.
Mientras Braelyn y Boris partían, Sebastián observaba, desde la distancia, su figura erguida, pero su mirada cargada de pesar. El nudo en su garganta parecía apretarse con cada paso que ella daba lejos de él. Su lobo gemía en silencio, compartiendo la tristeza que el Alfa intentaba ocultar.
Braelyn se perdió de vista, y la palabra “quédate” se quedó atascada en la garganta de Sebastián. Su orgullo de Alfa, una barrera impenetrable ante el deseo de aferrarse a lo que una vez