CAPITULO 23. UN VERDADERO PATÁN
Esa tarde, al salir de la Torre, Lila estaba en el estacionamiento, afanando con su vehículo que no encendía. Mateo, al ver que el coche de ella no prendía se acercó y le preguntó que pasaba con su Land Rover:
—Ni idea —respondió ella— Al mediodía estaba perfecta. Cuando llegué la estacioné, lo apagué y ahora no enciende.
—Si vas para tu casa, te puedo llevar. Me queda en el camino, porque voy a visitar a Marcos.
—¡Ay Mateo, gracias! ¿No será mucha molestia si te acompaño a su casa? Me encantar