C61-DE RODILLAS.
C61-DE RODILLAS.
El auto blindado se deslizaba por la carretera a toda velocidad, seguido de varios más, y Priscilla no podía controlar el temblor en sus manos; sentía el corazón queriendo salirle del pecho. Kenyi, en cambio, estaba sereno, con una calma que imponía más miedo que los mismos hombres que los seguían.
—Mírame —le dijo, girándole el rostro—. No volverán a lastimarte. Te lo juro. Mientras yo viva, nadie te pondrá un dedo encima.
Ella asintió y finalmente dejó escapar lo que le carco