PULSIÓN EN LA CARRETERA
La lluvia acababa de empezar —gotas gruesas y pesadas golpeando el parabrisas— cuando las luces rojas y azules estallaron en mi retrovisor. Mi estómago dio ese vuelco rápido de culpabilidad aunque sabía que no iba a exceso de velocidad. Puse la intermitente, me orillé en el arcén y apagué el motor. La grava crujió bajo los neumáticos. La patrulla se detuvo detrás de mí, con las luces aún pulsando, convirtiendo el interior de mi coche en una lenta luz estroboscópica.
Obse