GABRIEL
La mantuve pegada a mi cuerpo hasta que el último temblor de su rendición se apagó contra mi cuello.
Nataly descansaba su frente sobre mi hombro, respirando a bocanadas cortas, con la piel perlada de sudor y el cabello oscuro desparramado sobre la solapa de mi camisa deshecha. Verla así, rodeada de las bolsas de lujo que había pagado con mi firma, me daba una certeza amarga: esta mujer se estaba quedando con todo. Con mis cuentas, con la servidumbre de mi palacio y con el poco juicio qu