**NATALY**
El silencio que se instaló en la habitación fue más aplastante que su propio cuerpo. Gabriele me escudriñó las facciones durante unos segundos que se sintieron eternos. Su mandíbula seguía apretada, rígida, pero la fijeza animal de sus ojos grises mutó en algo desconcertante. Una mezcla de frustración y un destello lejano que se parecía demasiado al remordimiento.
Despacio, casi con recelo, fue aflojando la presión de sus dedos en mis muñecas. Apartó su mano de mi rostro como si mi p