NATHAN
Entré sin esperar permiso. La habitación estaba en silencio… cargada de una ira y una tensión que se podían sentir.
Mi padre estaba de pie detrás de su escritorio, con los puños cerrados y respirando con pesadez, mientras Dante estaba a mitad de camino hacia la salida, con el ceño fruncido.
Dejé que la puerta se cerrara suavemente tras de mí.
Una sonrisa cínica se formó en mi rostro mientras mis ojos pasaban de Dante a mi padre. —¿Interrumpo algo?
—Nathan, deberías irte.
—¡¿Qué demonios