MARCO
El fuerte portazo rompió algo en mí que no alcanzo a comprender.
El sabor de sus labios persistía en los míos. Debí haberla arrastrado de vuelta… sujetarla contra la pared y follarla hasta que olvidara su nombre.
Pero ella se había ido.
La presioné hasta que lo único que quedó en sus ojos fueron ira y dolor.
Golpeé el saco de boxeo una, dos veces… lo suficientemente fuerte como para rasgarme la piel.
Dos días viéndola en las cámaras de seguridad… deseándola… anhelando su contacto.
La sang