CASSANDRA
Un suave gemido escapó de mis labios mientras me acurrucaba más en aquel calor desconocido.
Se sentía jodidamente bien, y me acerqué más sin pensar. Duro. Ancho. Pequeños pezones.
¡Un pecho!
El pecho de Marco.
Me quedé completamente inmóvil y abrí los ojos de golpe. Las manos de Marco rodeaban mi cintura, con nuestros pechos pegados, y me pregunté cómo habríamos hecho para respirar durante toda la noche.
Tenía sus labios tan cerca de los míos… casi rozándose.
Un escalofrío me recorri