Realmente la suerte me había dado la espalda desde el nacimiento. De otra forma, ¿cómo se podría justificar todo lo que me estaba pasando? ¿El destino estaba tan empeñado en verme sufrir, por eso llevaba mi vida al límite?
Solo había transcurrido media semana desde su última visita. Liliana me había asegurado que, de volver al burdel, sería hasta un mes después.
—¿Piensas quedarte de pie en ese rincón todo el día? —me soltó con fastidio.
Sacudí la cabeza y me aferré al listón de la dorada ba