Abracé mi mochila contra mi pecho e hice varias respiraciones. Me sentía demasiado nerviosa cómo para intentar conversar con él. Desde que habíamos vuelto a casa, las cosas entre los dos estaban yendo muy bien, pero también, demasiado rápido.
—¿Te inquieta que haga esto? —inquirió con la vista en la carretera.
Negué una vez. En realidad, me emocionaba. Esa mañana, cuando desperté, él estaba allí y, para mi sorpresa, me ofreció llevarme a la universidad.
—¿Sigues preocupada por Liliana? Ell