—Mentirosa.
Esa pequeña palabra salió de mis labios por cuenta propia, lastimando mi garganta y llenándome los ojos de lágrimas.
—Mientes.
Gisel se encogió de hombros con suma elegancia. ¿Por qué me lastimaba con una mentira tan cruel? ¿Por qué, de tantas cosas, no elegía un engaño menos hiriente?
—¡Mi hermana se fue al extran... !
—Sabes muy bien que eso nunca pasó.
Su voz era mecánica, sin emociones; cómo sí decirme tal cosa no le afecten lo más mínimo. Tragué fuerte y me levanté