En mis sueños, Katerin y yo veíamos a nuestra mamá salir del departamento. Ya no volvería, nos lo había dicho. Cuando la puerta se cerró, mi hermana tomó una mochila y se preparó para buscar empleo. No me miró ni dijo nada, pero lloró en silencio.
—¡Hey! ¡Hey, muchacha!
Emití un quedo quejido, luego parpadeé un par de veces. Un hombre se encontraba frente a mí, la luz tenue de una lampara oscurecía su rostro, volviéndolo nada más que una silueta.
¿Me había quedado dormida? ¿Dónde estaba Gi