Con el corazón golpeándome el pecho por la adrenalina, corí a la parte trasera de la mansión. En un estacionamiento de gravilla, se encontraba el Rolls Royce.
No lo pensé demasiado, abrí la puerta del conductor y entré al auto antes de ser vista por algún vigilante. Nunca me había sentido más nerviosa que en ese momento, cuando inserté la llave y escuché el suave sonido del motor entre mis piernas.
Cuidadosamente metí la primera velocidad.
—Lo siento mucho, Demián —musité apretando el vola