Al bajar del auto y entrar en aquella majestuosa construcción victoriana, comencé a fantasear con un glamuroso baile al son de alguna famosa orquesta, bajo un gran candelabro de cristales... De algún modo, esos pensamientos tontos llenaron mi mente.
Pero al subir unos cuantos escalones y cruzar las puertas, me vi golpeada por mi reciente realidad. Allí no se desarrollaba ningún tipo de baile, sino una oscura reunión bajo unas cuantas luces opacas.
El aire apestaba a tabaco y a perfume caro