Me hizo cruzar habitación tras habitación, sala tras sala, escaleras tras escaleras, oscuridad tras oscuridad... Hasta que finalmente me soltó en una oscura recamará llena de polvo, lejos del resto de los invitados. Sí acababa conmigo allí, nadie lo sabría, nadie me escucharía. Y aunque me escucharan, no harían nada, pues todos ellos eran iguales que él.
—No lo parece, pero veo que eres realmente rebelde —siseó cerrando la puerta con fuerza.
Estaba acabada.
—Mi señor, no es... no es...
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