Me miré al espejo una vez antes de bajar; sin duda la ajustada tela pegándose a mi cuerpo y estilizando mi delgada figura, hacía imposible a cualquiera pensar en un embarazo. Lo volvía una posibilidad nula. Nunca me había visto más guapa que en ese momento, era elegante y distinguida, tanto como sensual y atrevida, pero sin llegar a lo vulgar.
Me gusto ver que ya no era la sombra de Katerin, ni tampoco una versión torpe e inexperta de ella. Por fin comenzaba a conocerme a mí misma, a encontrar