No me había equivocado al pensar que todo se sentía cómo un raro Deja Vu. Pues después ser una prostituta en Odisea, el primer lugar al que el señor Demián me había llevado, había sido esa majestuosa mansión en las afueras de la ciudad.
Y nuevamente, luego de haber vuelto a Odisea días atrás, me encontraba frente a esa enorme y sombría mansión. E igual que la última vez, cuando bajamos del Rolls Royce, nos encontramos con una fila de lujosos autos bloqueando el jardín y la entrada de la mansió