Mundo de ficçãoIniciar sessãoSus alumnos le bastaban. Volcaba en ellos todo su amor, sin problema en asumir el papel de la maestra solterona del pueblo. Si en su vejez aún la llamaban “señorita Rosalin” lo asumiría con orgullo y gracia. No había nacido para el amor, mucho menos para ser madre, y estaba en paz con esa realidad.
Al menos, así había sido mientras su madre vivía. Ahora, con una libertad inesperada, le costaba ubicarse en un mundo que de pronto parecía más luminoso y esperanzador







