Estas palabras dejaron a Lucía paralizada en el acto. Se sintió helada, como si la vida se le escapara en un segundo del cuerpo.
¿Qué estaba diciendo Gabriela? ¿Qué Mateo se había casado con ella por las acciones del abuelo?
Lucía, con la mirada perdida, se giró y miró por la rendija de la puerta entreabierta. Vio a Gabriela de pie, visiblemente alterada.
Mateo estaba tranquilo sentado en el sofá, con las piernas cruzadas y una expresión impasible.
—Sí—respondió él simplemente.
El rostro de Lucí