Después de un largo rato en el hospital, Lucía salió pálida y muy abatida por sus heridas.
—¡Lucía! —exclamó Mariana Navarro al verla. Al notar su desmejorado estado y los vendajes en su cabeza, la sostuvo rápidamente. — ¡Dios mío! ¿Qué te pasó? ¿Dónde te hiciste estas graves heridas?
Lucía no respondió.
—A esta hora debes estar trabajando, seguro fue un accidente laboral—continuó Mariana. — ¿Dónde está Mateo?
—No lo sé.
Mariana notó su mal semblante, que no se debía solo a las heridas, y se bur