—Señor Rodríguez—alguien se acercó a saludar, y luego miró asombrado a Lucía:
—¡Vaya, señorita Díaz! Qué sorpresa, está usted bellísima hoy, me ha dejado impresionado.
El hombre extendió su mano con delicadeza para saludar a Lucía.
—Es usted muy amable. Todo es gracias al maquillaje, no me comparo con su acompañante—respondió Lucía sonriendo con amabilidad, su instinto profesional activándose de inmediato.
Pero Mateo se interpuso al instante:
—Esta noche no hay necesidad de tantas formalidades