Capítulo47
Ella se apoyó temblorosa en la pared, sintiéndose extremadamente mal. Su rostro estaba muy pálido y no dejaba de tener fuertes mareos, aunque no lograba vomitar nada.

Al ver esto, Mateo se acercó muy nervioso para sostenerla:

—¿Qué te pasa? ¿Qué te duele?

Lucía apartó su mano, con los ojos humedecidos por las lágrimas:

—¿No acabas de decir que querías divorciarte? Entonces ¿Por qué te preocupas ahora por mí?

Mateo, viendo su rostro tan pálido y suponiendo que se sentía muy mal, suavizó su tono
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