Después de graduarse, Lucía se había enfocado de lleno en su trabajo y el matrimonio con Mateo. Sus padres, no queriendo molestarla, casi nunca la llamaban, y ella, ocupada con otras cosas, también había descuidado demasiado a sus padres.
Al llegar a casa, Tomás le abrió la puerta. Tenía un periódico en la mano y llevaba gafas de lectura. Al ver a Lucía, su rostro serio se iluminó radiante con una sonrisa:
—Has vuelto. Pasa, pasa.
Lucía entró con agrado y Tomás le dio unas pantuflas:
—Tu madre