El ruido insistente del teléfono apagó por completo su pasión. Mateo se apartó de Lucía, mirándola con ojos llenos de deseo y gran confusión.
El hombre que ella quería se llamaba Theo. Por eso, él no debía quitarle lo más preciado. Respiró profundamente para calmarse, tomó el teléfono y al ver el nombre en la pantalla, lo silenció al instante lo guardó en su bolsillo.
Con más claridad ahora, dijo con voz ronca:
—Voy a darme una ducha.
Dicho esto, se dirigió al baño y se oyó el sonido de la duch