Con el paso del tiempo, se había vuelto más maduro y sereno.
Mateo notó que ella lo miraba fijamente y esbozó una amplia sonrisa:
—¿En qué piensas mientras me miras de esa manera?
Lucía, apoyando el mentón en su mano, desvió al instante la mirada avergonzada al ser descubierta:
—Nada.
—¿Nada? Pero si hace un momento me estabas mirando a escondidas.
Lucía contraatacó ese momento:
—Si no me estabas mirando, acaso ¿cómo sabes que yo te miraba?
—Está bien, lo admito. Te estaba observando detenida