Camila se detuvo ahí, forzando una sonrisa mientras respondía:
—Señora, ¿hay algo más en lo que pueda ayudarle?
Gabriela la miró con fijeza:
—Tú también viniste a comprar ropa, pero ese abrigo no es para ti, ¿verdad?
El rostro de Camila se tensó al instante:
—Es en realidad para otra persona.
Gabriela lo observó detenidamente, pero evitó mencionarlo. Cruzando los brazos, dijo con indiferencia:
—Camila, eres una figura pública, debes saber muy bien qué hacer y qué no. Algunas cosas, no es que