Al escuchar eso, la expresión de Mateo se ensombreció y sintió una opresión en el pecho. Se levantó sin prestarle más atención al llanto de Lucía. Se quedó de pie frente a la ventana, encendiendo un cigarrillo y fumando profundamente. El humo lo envolvía, y el aire estaba cargado de frialdad. Después de terminarse su cigarro, salió de la habitación sin regresar.
A la mañana siguiente, Lucía tenía un fuerte dolor de cabeza. Al levantarse, se tomó la cabeza, que le pesaba más que los pies. Se sirv