Capítulo 229
Ella no entendía qué pretendía Mateo.

Pero tampoco quería quedarse allí esperando su destino.

Canario dorado, ave enjaulada, trofeo... nada de eso le convenía.

No lo deseaba.

Mateo la observaba; ella estaba alterada, a la defensiva y recelosa con él.

Frunciendo el ceño, dijo:

— Lucía, entiéndelo bien: eres mi esposa legalmente. ¿Cómo puedes llamarte a ti misma mascota? Estar conmigo es algo completamente normal.

Antes también estaban juntos así y nunca la había visto tan alterada.

¿Qué había cau
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