La habitación ya estaba ordenada y limpia.
Sin embargo, debido a que nadie había vivido allí por mucho tiempo, carecía de presencia humana y había un ligero olor a humedad flotando en el aire. Lucía abrió todas las ventanas para ventilar y sacó las sábanas del armario.
—Si estás cansado, puedes recostarte aquí un rato —sugirió.
Mateo estaba sentado en el sofá con los ojos cerrados y desprendía un fuerte olor a alcohol. Lucía notó que apenas hablaba, lo que indicaba que estaba agotado, así que se