Por suerte Mateo ya estaba preparado y logró esquivar antes de que dispararan.
—Javier, ¿te dio? —preguntó Mateo distraídamente.
—¡Por poco! —respondió Javier, mirando a su jefe que estaba pálido como un papel.
Nicolás, quien estaba en los brazos de Lucía, nunca la había visto tan feliz. Se quedó perplejo por un momento y con una suave sonrisa en los labios preguntó: —¿Ya no hay tanta prisa?
—No, ya no. Estoy muy contenta —sonrió Lucía.
El dueño del puesto también suspiró aliviado y dijo sonrien