Un mes después…
Aquel día Gina llegó llorando a la empresa, lo que captó la atención de Edward.
—Gina, ¿qué te sucede? ¿Por qué estas llorando? —indagó él con preocupación.
—No pasa nada, Edward, tranquilo. —Restó importancia.
—No me digas que no pasa nada cuando es claro que sí. Te ves muy mal, Gina. Puedes confiar en mí, para eso somos los amigos. Habla conmigo, aunque sea para que te desahogues. Es más, ¿por qué no vamos a almorzar hoy y así conversamos? Yo te invito.
—Está bien, iré a almo