Italia
En la mansión de Caruso había fiesta, bueno no exactamente, solo que Caruso estaba más sonriente que nunca.
—Aquí está la parte que te prometí, y una buena comisión por tu excelente trabajo, Fernández —le habló Caruso estirando una buena cantidad de dinero al oficial de policía, quien la recibió con gusto.
—Es un placer hacer negocios con usted señor Taylor —habló sonriendo el oficial de policía.
—Hubiera querido estar ahí para verle la cara al muy maldito, pero que se atenga esto es sol