Italia
Los días seguían su curso y Alex se volvía cada vez mejor con las armas pues tenía el mejor maestro, el mismo que en algún momento tuvo Adriano a Josué y Jack, cada uno se encargaba de enseñarle una nueva técnica a Alex, quien aprecia papel absorbente, captaba todo al pie de la letra.
Era un mundo que le encantaba y que quería seguir conociendo.
El teléfono le sonó con bastante insistencia a Alex, así que dejó el arma a un lugar seguro y caminó hacia la mesa en dónde tenía su celular.
—¡