Me dispuse a manejar hasta el departamento de Rose, mi mano aun doliendo haciendo un abierto recordatorio de que todo lo que había pasado con Leonard era real. Incluso dentro de mi jeep se había impregnado el olor de él, maldije para mis adentros, abrí las ventanillas, pero ni eso pudo borrar su aroma, después me percaté de que no solo mi auto era del que procedía ese olor, sino, era yo.
—Por dios mujer—esta vez Jade abrió la puerta—, te esperábamos hace horas ¿Qué te sucede? —me miró con esos