LEONARD
Salí con el acta en la mano, Carlo y yo soltando risotadas, sabíamos que no era digno de un par de caballeros, pero esto debía celebrarse en grande.
Ambos abogados se quedaron un poco a charlar un par de cosas de ellos, sin duda abría una gran suma en la cuenta de mi abogado a primera hora, de eso no había duda.
Diane parada tras ellos, con su amiga de aspecto de arpía, que nos miraban con repudio, nos detuvimos un poco a esperar a mi abogado, tomando el acta como mi mayor orgullo y pro