Era viernes, Carlo estaba haciendo check out de la suite de mi hotel, nos encontrábamos en los Ángeles. Después de pasar cuatro días en esta selva ruidosa; no pude concentrarme, me debatí entre la ansiedad por el divorcio y la abstinencia del no haber visto a mi fierecilla. Mi fierecilla debía saber los días que se contaban para mi separación oficial.
3980.89 kilómetros y 5 horas con 27 minutos después, me dirigí directamente hasta el edificio de los Vial.
—¿No piensas darme una tregua? —se que