CAPÍTULO 22

Aidan se dio la vuelta con pereza y sintió un empujón en la espalda que lo llevó a dar de bruces en el suelo, levantándose al instante.

—¡Suficiente! ¡En esta cama no cabemos los dos! —declaró levantando el índice.

«¿Y?», gruñó Akela con un brillo malvado en los ojos.

—¡Y… me voy a dormir al sofá! —rezong&o

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