Llegué a casa un poco enfadada, ¡Mikhail era un imbécil! ¡Su enorme cabeza no servía para pensar!
—¿Y ahora tú qué tienes? —me preguntó mi hermana.
Yo la miré de arriba abajo, tenía un enorme chupetón en el cuello.
—Dile a Vladislav que no te haga eso, ¡se ve horrible! —le señalé el cuello y ella se lo tapó con la mano.
—¿Cómo sabes que fue él? —me recriminó. Yo me encogí de hombros.
—Soy una bruja, pensé que ya lo sabías. — le dije.
Denis se acercó y miró a su tía.
—¿Qué te pasó en el cuello?